Hay momentos en los que miras una situación y llegas a una conclusión definitiva: “Ya no hay nada que hacer.” Y aunque nadie lo dice en voz alta, muchos vivimos como si algunas partes de nuestra vida ya estuvieran enterradas. Tal vez la pregunta más importante no es si todavía hay una salida. Tal vez la pregunta es: ¿y si aún no has visto el último capítulo?