Detrás de cada explosión, palabra impulsiva o decisión que sorprende a los demás, suele existir un partido invisible que se juega en silencio. Uno donde las emociones, las creencias y las heridas acumuladas llevan tiempo moviendo las piezas sin que nos demos cuenta. ¿Y si el problema nunca fue lo que ocurrió afuera? ¿Y si nuestras reacciones simplemente revelan algo que ya estaba dentro desde hace mucho tiempo?