Bien dice el refrĆ”n: ‘No soy monedita de oro para caerle bien a todos’. Pero la realidad es que muchos nos obsesionamos con lo que piensan o dicen los demĆ”s de nosotros. Nos volvemos vulnerables a las crĆticas y buscamos la aprobación y los halagos de los demĆ”s. ĀæQuĆ© pasarĆa si cambiĆ”ramos el enfoque y en lugar de preocuparnos por la aprobación de quienes nos rodean, nos concentrĆ”ramos en agradar a Dios? ĀæQuĆ© sucederĆa si nos enfocĆ”ramos en lo que Ć©l piensa de nosotros y de nuestras acciones?